Tp 12 PSICOLOGÍA Y ATENCIÓN PASTORAL

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LECTURAS PARA EL PRIMER DÍA, HASTA LA PÁGINA 05:

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LA PROBLEMÁTICA DEL PASTOR EN EL MUNDO DE HOY

"Primer conferencia del Dr. Jorge A. León en el marco de la Novena Conferencia de Pastoral/Liderazgo y Vida Cristiana “El ministerio a los latinos y latinas en U.S.A.” Iglesia Bautista Hispana, Hickory Grove, Charlotte, N. C. 2005 22-23 de Abril de 2005 "

El mensaje que les traigo está dividido en dos partes; en la primera conferencia me voy a referir a problemáticas del pastor, o la pastora, (en adelante utilizaré el término pastor para ambos géneros) en el mundo actual; y en la segunda les expondré algunas sugerencias para la solución de tales problemáticas. Se trata de un solo discurso expresado en dos secciones.
A continuación, voy a mencionar algunas de las problemáticas que encontramos en las iglesias de hoy y, a la luz de las experiencias pastorales bíblicas y de las ciencias sociales contemporáneas, trataré de esclarecerlas. Ante la imposibilidad de agotar un tema tan complejo, como el que nos ocupa, en esta primera conferencia me voy a referir a algunas dificultades que me parecen son las más frecuentes e importantes.

1.- El pastor y su familia ante la crisis de los valores
La posmodernidad ha producido una crisis de valores, esto es evidente, esta realidad aparece a nivel mundial. Pero la situación varía de una país a otro. Frente a esta realidad tenemos otra, los cristianos seguimos creyendo que Jesucristo es el Señor. Qué Él conduce el proceso integrador que se enfrenta con todos los poderes del mal que luchan contra los valores cristianos de nuestra cultura..
Los cambios en la sociedad tienen un ritmo acelerado. Dichos cambios afectan a la familia. Y la familia pastoral no está al margen de los nuevos vientos que soplan. Una de las manifestaciones de este cambio, es la creciente intensificación de la actividad de la mujer en las ciencias, las artes, el comercio y la cultura en general. Por lo menos, en Buenos Aires, y supongo que en otros lugares también, el número de mujeres asistiendo a las universidades supera al de los varones. Consecuentemente, en algunas profesiones, ya las mujeres superan a los varones en número. En el futuro...¿ocurrirá lo mismo con el ministerio cristiano?
Como la iglesia está enmarcada en la sociedad, esta realidad cambiante afecta en forma creciente a las familias pastorales. Los bajos sueldos que reciben muchos pastores, suelen traer dificultades. A veces se producen serias tensiones porque la esposa gana el doble, o más, que su marido pastor. Dicha situación suele herir el narcisismo de algunos pastores; o despertar el espíritu de revancha de algunas esposas, tantos años postergadas. Además, muchas congregaciones esperan que la esposa del pastor sea una especie de ayudante de su marido, o un segundo pastor. Algunas congregaciones suelen sentirse decepcionadas, si ellas no cumplen cierto perfil estereotipado de “esposa de pastor”. Algunas personas recurren al pasado con nostalgia, para afirmar: “Fulana, ella sí, ella era una auténtica esposa de pastor, pero, ....¡las de ahora........!”.
La iglesia necesita acomodarse a la nueva situación, creada por las nuevas estructuras sociales, las cuales no significan que hayan sido abandonados los principios en los cuales se fundamenta nuestra fe. Sólo se trata de cambios en la cultura, las relaciones sociales y el mercado laboral, no en el Evangelio. La cultura cambia, y el Evangelio puede y debe ser resignificado en función de nuestro acontecer cotidiano. Entre los matrimonios jóvenes se ha desechado la antigua costumbre de que lavar la ropa, o los platos, cambiar los pañales, etc., era una tarea exclusivamente femenina. Son pocos hoy quienes sostienen que el único rol de la mujer es el de ser esposa, madre y ama de casa. Son pocos hoy, los machistas que afirman que el hombre debe trabajar afuera, para ganar el sustento, y que la única función de la mujer es quedarse en casa para cuidar a los hijos. El pastor y su esposa deben aprender a convivir en una situación nueva. Lo cual no significa que se esté desnaturalizando el matrimonio cristiano, todo lo contrario. El matrimonio cristiano sano, para Pablo, se caracteriza por la simetría en la relación de pareja, así lo demuestra en 1ª Corintios 7, donde se refiere a la recíproca edificación en la fe entre cónyuges; y también a la pertenencia mutua, la igualdad de derechos en la intimidad, y la independencia recíproca en las responsabilidades compartidas. Tenemos que reconocer que, unos cuantos años atrás, la mayoría de los matrimonios mantenían relaciones asimétricas. Uno mandaba, (casi siempre él, a veces ella), el otro obedecía. Se suele decir: “el que paga manda”, aunque no siempre. Todavía necesitamos vencer el criterio materialista del poder del dinero. Se trata de un medio y no de un fin en sí mismo.
El fin del matrimonio cristiano es el mutuo amor, reconocimiento y respeto, lo demás viene por añadidura. El pastor, o la pastora, no deben casarse pensando en una “ayuda idónea” para su ministerio. Alguien ha recibido el llamado de Dios al ministerio. Pero, si es que estoy bien informado, no existe el llamado a ser “cónyuge pastoral”. Si uno utiliza su poder, cualquiera que éste fuere, para someter al otro, el amor está ausente. El abuso del poder se constituye en el asesino del amor. El amor puede resurgir, como la vida plena en una planta marchita; si se la riega con afecto, respeto, y valoración. Pero, como la planta, cuando se muere, se muere definitivamente. No existe vacuna contra el fracaso de la vida conyugal de la pareja pastoral. Eso sí, existen medidas preventivas. Se necesita mucho valor, y mucha honestidad para procurar ayuda, cuando hay tiempo todavía.

2.- Jesucristo es el paradigma de todos los cristianos
He atendido a muchos pastores como pacientes, dos de ellos al hablar de su trabajo, se refirieron al mismo como: “Su profesión”. Es fundamental que cada ministro cristiano tenga bien claro que la suya es una vocación, un llamado de Dios, y no solamente una manera de ganarse la vida. Digo a cada pastor lo mismo que San Pablo a Timoteo: “Cristo nos salvó y nos eligió con su santo llamado”. (2ª Tim. 1:9).
Todos los cristianos debemos sentir la vocación a amar y servir al prójimo como consecuencia de haber tomado a Jesucristo como Salvador, Señor y paradigma personal. Se espera del pastor una dedicación especial por ser su llamado muy específico dentro del ministerio general de la iglesia.
En su oración al Padre, Jesús ruega: “No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal” (Juan 17:15). Hoy como nunca antes esta oración es necesaria porque existe una especie de neurosis colectiva de la cual el pastor y los líderes laicos de la iglesia no pueden liberarse fácilmente, estamos siendo permanentemente influídos por el mundo circundante.
El Señor nos desafía a que seamos plenamente humanos como El es plenamente Dios (Mateo 5:48). Conocemos las tensiones internas que Pablo nos confiesa en Romanos 7. Sabemos que él marchó hacia la meta de alcanzar el hombre acabado, según el modelo de Jesucristo (Filipenses 3:12-14, Efesios 4:13-14, etc.). Sabemos que Pablo, en su última epístola reconoce que ha terminado su carrera, y que sólo le falta recibir la corona que le dará el Señor (II Timoteo 4:6-8).
Lo que Pablo nos presenta a nivel de testimonio personal, también lo plantea en sus pautas pastorales a las congregaciones a las que dirigió sus cartas. A los Romanos les dice que no deben conformarse al presente siglo, sino ser transformados. El verbo griego en Romanos 12:2 es metamorfóo de donde viene metamorfosis, es decir, la transformación de un ser inferior en otro superior; por ejemplo, un renacuajo en una rana, o un gusano en una mariposa. Pero no se trata de una metamorfosis cualquiera, el modelo según el cual debe transformarse el cristiano no es otro que Jesucristo. Así lo enseña Pablo en II Corintios 3:18. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu Santo”.
Lo que se aplica al cristiano fue aplicado primero a Jesucristo en la experiencia mística que tuvieron tres discípulos en el monte, llamado, de la transfiguración. Tanto en Mateo 17:2 como en Marcos 9:2 se traduce transfiguración cuando el verbo que aparece en griego es el mismo que en Romanos 12:2 y en 2 Cor. 3:8, metamorfóo. La tradicional versión protestante Reina-Valera y la famosa versión católica, Biblia de Jerusalén, coinciden en traducir transfiguración, en Mateo y Marcos, lo que me parece inadecuado. Sólo en Lucas 9:29 se puede hablar de transfiguración y no sólo porque el verbo metamorfóo esté ausente, sino también por el contexto. Reina Valera traduce: “....la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente”. Y la Biblia de Jerusalén: “----el aspecto de su rostro se mudó y sus vestidos eran de una blancura fulgurante”. La “transfiguración” no es un hecho inconexo con las enseñanzas de Jesús; mas bien es un “audiovisual” donde enfatiza lo que enseñó en Mateo 5:48 y en sus reiterados anuncios de su muerte y resurrección; la cual es la metamorfosis por excelencia. Cuando digo “audiovisual” me refiero a la dramatización visual de la transformación (metamorfosis) de Cristo y el mensaje recibido del cielo: “Escuchadle a El” .
Me parece indudable que Pablo tiene bien claro que la transformación de Cristo es el paradigma para la formación y transformación (morfosis y metamorfosis) de los cristianos, sean estos laicos o pastores. Lo proclama con claridad en la que posiblemente sea la más antigua de sus epístolas, dice: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Aquí se utiliza el verbo morfóo, sin tener delante la preposición metá, como para establecer una clara diferencia entre el paradigma y los aspirantes a serlo. Es decir, entre la metamorfosis de Cristo y la morfosis de los cristianos. Es el desafío que nos hizo Jesucristo mucho antes que Pablo. Él nos dice en el Sermón del Monte, que debemos ser teleiós (seres acabados, plenos, completos) así como lo es nuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5.48). Un dato más sobre la reflexión paulina en Gálatas, ¡muy importante!, llama la atención que Pablo se refiere a la morfosis de los cristianos poco antes de referirse al fruto del Espíritu Santo. Tomen nota de que el “fruto” (karpós), del Espíritu Santo, está en singular, porque se trata del fruto de la vid, que es un racimo, (Gal. 5:22-24). Consideren también, que la morfosis (formación) de los cristianos según el modelo de Cristo, está delante del
señalamiento de la responsabilidad pastoral de todos los creyentes que se consideren espirituales: “Hermanos, si alguno fuere sosprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre...” (Gal. 6:1a).
Reflexionemos ahora sobre lo que nos dice Pablo en las epístolas a los Romanos y a los Efesios. En las dos cartas él presenta tensiones en su reflexión teológica con relación a la salvación personal. Enfatiza el carácter puntual de la justificación, diciendo: "Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5:1). También nos dice: "Por consiguiente, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:1). En la misma epístola, que está dirigida a creyentes, al referirse a la excelencia del amor, el cual no hace mal al prójimo, nos asombra con la siguiente afirmación: "..porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos" (Romanos 13:11). La certeza de nuestra salvación personal, en cuanto al destino eterno de nuestras almas, "ya la tenemos" por nuestra fe inquebrantable en Jesucristo. Pero "todavía nos falta algo" por alcanzar en otros aspectos de la salvación en nuestro aquí y nuestro ahora.
Encontramos la misma tensión entre el "ya la tengo" y el "todavía me falta" en la enseñanza de Pablo sobre la redención, en Efesios. En 1:7 leemos: "En El tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia". Se trata de un presente griego, la tenemos y la seguimos teniendo. Pero en 4:30 aparece la antítesis: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención". Podemos concluir que en Efesios 1:7 Pablo se refiere a la dimensión vertical, cuando dice: "Tenemos el perdón de nuestros pecados". Por el contrario, en 4:30 se enfatiza la dimensión horizontal, es decir, nuestra vida en este mundo. Esta distinción nos permite afirmar que mientras exista algo que nos impida ser plenamente libres en Cristo, la redención cristiana no ha sido consumada todavía.
Las tensiones de la vida actual y de las enseñanzas de Pablo son similares, aunque en contextos diferentes, a las que experimentamos los pastores y los líderes laicos de hoy. Aunque Pablo no pudo hablar de psicología,
porque en su tiempo no existía como la conocemos hoy, presenta sus tensiones psicológicas personales en Romanos 7.
3.- El pastor ante el Síndrome de Listra
Las tensiones psicológicas a las que están sometidos los pastores no son más que síntomas. Así como la fiebre no es la enfermedad sino una señal de que algo anda mal en el organismo, los síntomas psicológicos dan cuenta de que existen trastornos en la personalidad. Un conjunto de síntomas entrelazados entre si, constituyen un síndrome.
El capítulo 14 del libro de los Hechos de los Apóstoles da cuenta de las fantasías que sienten algunos creyentes con relación a la personalidad de sus guías espirituales. Como en Listra muchos creyentes tienen, en la actualidad, la tendencia a endiosar a sus pastores. Hoy como ayer se suele reaccionar con agresividad cuando el pastor no se deja endiosar. Para algunos creyentes el pastor no tiene espacio para ser humano. Si no es Dios, entonces es Satanás y merece ser lapidado.
Lamentablemente, muchos siervos de Dios son muy frágiles ante el halago y frecuentemente se prestan como "perchas" (percheros) para que los feligreses cuelguen el ropaje de sus fantasías en ellos. La explicación psicológica de este fenómeno es que dichos feligreses producen una identificación proyectiva con el pastor. Ellos padecen la ilusión de que él (o ella) es un ser humano perfecto, casi divino. Porque creen que él es lo que ellos desearían ser, lo idealizan y lo levantan como en la fábula del águila y la tortuga. El pastor que cae en esta tentación, como en la fábula, llega a creer que sabe y puede volar. La catástrofe se produce cuando la congregación lo deja caer.
Parecería que lo que acabo de decir está en contradicción con la afirmación siguiente: No existen más tensiones psicológicas en el pastor que las que él mismo genera. Estoy convencido de que las tensiones pastorales parten del mismo pastor, aunque pueden ser alimentadas por la congregación. Ciertamente, hoy no se apedrea en lo real a un pastor por no dejarse endiosar, pero hay formas imaginarias y simbólicas de hacerlo. Es posible lastimar la vida espiritual y la salud mental sin dañar el cuerpo. Pero nadie puede lastimar a un cristiano si éste no se deja seducir por sus propios deseos de grandeza y de poder. Las influencias del mundo externo sobre el pastor no ejercerían efecto alguno sobre él si, en su mundo interno, no estuviera el deseo de ser endiosado. La salud espiritual y mental de Pablo y de Bernabé se expresó en la afirmación de su humanidad: "Varones, ¿por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres como vosotros, y os anunciamos el evangelio para que os volvais de estas cosas vanas a un Dios vivo....".
El síndrome de Listra tiene muchos síntomas. No podemos analizar a cada uno de ellos, pero lo haremos con algunos. Me voy a referir a la transferencia, tanto en su faz positiva, donde priva el amor, como en la negativa, donde reina la agresividad. También me referiré a una cuestión muy importante: El manejo del poder en la Iglesia. Tanto en Listra como en nuestros tiempos existe la tentación de amar el poder humano en lugar de entregarse al poder del Espíritu Santo.
a) La transferencia
La tendencia a amar es una fuerza natural, producto de nuestra condición de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27). Pero esa tendencia, por causa de la caída, debe ser controlada y orientada hacia el bien, hacia lo creativo, según la intención original del Dios Creador. De no ser así, se dirigiría hacia la destrucción y la muerte. Esto se debe a que, además de la imagen de Dios, en cada ser humano se expresa también el pecado.
Se denomina transferencia al desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Dicho de otra manera, se trata del tipo especial de acercamiento a una persona con sentimientos de atracción o rechazo, como si fuera un ser amado u odiado, porque recuerda a alquien que en el pasado significó algo para la persona en cuestión. Es decir, un sujeto trata a alguien de su mundo externo, como si fuera un personaje que pertenece a su mundo íntimo.
La transferencia es básicamente transferencia de amor o de odio, de aceptación o de rechazo, de deseos de vida o de deseos de muerte. El odio es la otra cara del amor. Sólo se puede odiar a quien se ama. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Se denomina transferencia positiva aquella donde prevalece el amor; y negativa aquélla donde prevalece la agresividad o el odio.
La transferencia es universal, nadie se le escapa, aunque uno no se dé cuenta de su presencia en nuestras vidas. Aunque no le llamemos por ese nombre, nos habita. Jacques Lacan ha escrito: "En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber, hay transferencia". 1. Aunque el pastor no sepa mucho, la congregación suele atribuirle un gran saber cuando tiene una buena relación con él. Pero puede ocurrir lo contrario, que el pastor realmente sepa mucho, y que se lo trate como si fuera un ignorante. La transferencia puede expresarse tanto en el amor como en el odio. De ahí, la importancia de que el pastor esté bien informado sobre estos fenómenos del psiquismo, para mejorar su trabajo pastoral y para no sentirse agredido cuando no lo agreden.
b) Ventajas y desventajas de la transferencia positiva
La transferencia positiva es una herramienta que puede ser bien o mal usada. El hecho de que pueda ser mal usada, no prueba que no haya sido creada por Dios. Nuestras manos también pueden ser bien o mal usadas. Con ellas podemos acariciar a una persona, pero con ellas también podemos estrangularla. El amor y el odio pueden servirse de nuestras manos, pero nadie se atrevería a afirmar que las manos no fueron creadas por Dios. El argumento es válido también para la transferencia.
El pastor que tiene carisma, que es un hombre, o una mujer, consagrado/a al Señor, que tiene un saber acerca de Dios, generará transferencias masivas dentro de su feligresía. Esto es un fenómeno natural cuya existencia y posibles manifestaciones debe ser conocido y bien utilizado por todo pastor. La transferencia tiene sus ventajas, pero también grandes desventajas. Debo advertir que dicho saber suele generar poder, el cual puede ser usado para el bien o para el mal de la Iglesia.
La mayor ventaja de la transferencia reside en su procedencia divina. Si la transferencia es natural en un ser que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, es porque Dios mismo la ha colocado en él. Por eso, en determinadas condiciones, un sujeto humano puede atraer a otros para bien o para mal. Esto lo vemos con claridad en la sociedad en que vivimos. Por lo tanto, el pastor puede ser un polo positivo de aglutinamiento para la gloria de Dios, si es fiel al Señor, y resiste la tentación a caer en la idolatría, es decir, a actuar como si fuere un ser superior, un semidios.
Otra definición lacaniana es la siguiente: "La transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente" 2. Se entiende que se refiere a lo inconsciente en cuanto a actitud amorosa. En este sentido puede ser muy desventajosa para el pastor si éste no toma las precauciones del caso. Para ilustrar el peligro que puede implicar la transferencia amorosa para el pastor basta citar a Freud, quien advierte de la siguiente manera: "El psicoanalista sabe que trabaja con las fuerzas más explosivas, y que le hacen falta la misma cautela y escrupulosidad del químico en su laboratorio". 3. Esto no quiere decir que en el asesoramiento pastoral no se deba atender a los feligreses que padezcan perturbaciones en su sexualidad. Sólo quiere decir que, en estos casos, el pastor debe tener un cuidado y una escrupulosidad similar a la del químico cuando trabaja en su laboratorio con explosivos. Por otro lado, el pastor no debe creerse un "galán" cuando se presente un supuesto enamoramiento, porque él no es más que una pantalla donde se proyecta la película que la otra persona tiene adentro. Para mostrar esta realidad, Lacan toma prestada la pluma humorística de Spitz y nos dice acerca de él: "Toma el ejemplo de una de sus pacientes, que, en uno de esos sueños llamados de tranferencia -- o sea, de realización amorosa con su analista, Spitz en este caso -- lo ve dotado de una cabellera tan abundante como rubia. Esto, a cualquiera que haya oteado el cráneo pulido del personaje, y es bastante conocido para ser célebre, le parecerá un caso en que el analista podrá mostrar fácilmente al sujeto las distorsiones a que le ha conducido los efectos del inconsciente". 4.
El pastor debe recordar que la transferencia se manifiesta hacia la función y no hacia el funcionario. Es con el pastor y no con fulano de tal. El pastor debe ubicarse como persona y no como personaje, debe tener bien claro que si él sólo fuere un miembro de la congregación la transferencia se produciría, pero no con él, sino con la persona reconocida como pastor.
Si el pastor se deja colocar en el lugar de una "percha" (perchero) donde los feligreses cuelguen el ropaje de sus fantasías, así le irá a él y a la congregación a su cargo. Él es un siervo de Dios, pero también es un ser humano. No hay que equivocarse, ser un siervo de Dios no significa ser un dios. De la verdadera adoración a la idolatría no hay mucha distancia, hay sólo un resbalón, ¡cuidado hermano, no se resbale! Para evitar el pecado de omnipotencia y autoritarismo, el pastor debe siempre recordar que no es más que un ser humano y pecador: redimido, pero pecador.
Hasta aquí me he referido a trastornos de la personalidad que no son graves, es decir, me he referido a trastornos neuróticos. Pero la transferencia puede expresarse en formas mucho más graves en las psicosis, es decir, en lo que comúnmente se llama "locura". En este caso se trata de la erotomanía. Lamentablemente muchos pastores han caído víctimas de esta enfermedad, algunos sin ser culpables de falta alguna. Sólo por la palabra de una mujer supuestamente "cuerda" algunos han sido separados del ministerio. Hace algunos años fui a predicar a una Iglesia a más de mil kilómetros de Buenos Aires. A la mitad del culto una mujer comenzó a gritar: "El pastor me ama, el pastor me ama y yo lo amo a él. " Varios hermanos la sacaron, y el culto continuó. Al final tuve una reunión con los diáconos, que no sabían qué hacer con el problema que se les había planteado. El pastor insistía: "Yo no tengo nada que ver en esto". Así era en realidad, ese pastor continúa en su púlpito, y goza del respeto de todos los hermanos. A la erotomanía la conozco, no sólo por lo que he leído en los libros, sino porque he tenido que actuar en unos cuantos casos.
c) Tensiones creadas por la incapacidad para manejar la transferencia negativa
La agresividad es una fuerza natural en el ser humano, que debe ser controlada y orientada hacia lo creativo y hacia el bien. De no ser así, se dirigirá hacia la destrucción y la muerte. A algunos les cuesta pensar que Dios puso esa fuerza en el ser humano. Sin embargo, también la puso en los animales para su autodefensa, así como el instinto de conservación de la vida. Como los animales no sufren la represión, en ellos la agresividad aparece en su forma original, sin el desgaste de la cultura. La agresividad, más o menos atenuada, existe en todos los pastores y en todos los feligreses. Y, como el ejemplo de las manos, la agresividad puede ser bien o mal usada. La agresividad provee las energías, pero hay que saber qué hacer con ellas.
Debo aclarar que además de la transferencia, existe la contratransferencia. En el caso del pastor, se expresa por su tendencia a responder con amor al amor de su congregación, cuando la contratransferencia es positiva; o responder en forma agresiva con todo aquel que él suponga que le hace sombra. Esto puede acontecer, aun cuando los feligreses no sean agresivos. Debo aclarar que cuando el amor del pastor por su congregación es una expresión del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22) no se trata de una actividad humana, o sea, una contratransferencia positiva, sino que estamos delante de una acción divina directa.
En el caso de los feligreses agresivos, que los hay, el pastor también debe tener en cuenta que la agresión se dirige hacia la función pastoral y no hacia él en forma personal. Por lo general, se agrede a su investidura pastoral y no a su persona. No debemos olvidar que estamos en presencia de un proceso inconsciente que se actualiza en el aquí y el ahora, sin que nos demos cuenta.
Sin embargo hay muchos pastores que se sienten agredidos y perseguidos cuando nadie los agrede ni los persigue. Pero cuando la agresión existe realmente, teniendo en cuenta la transferencia, sugiero que el pastor no tome la tensión como un problema personal. Según la Palabra de Dios hay que manejar la crisis a nivel de comunidad de fe, en tal caso, habría que aplicar las pautas que nos ofrece el Señor en Mateo 18:15-20. Por otro lado, los feligreses tienen el derecho a opinar en forma diferente que el pastor, quien como ser humano que es, puede equivocarse como cualquiera. Además, el disenso en el contexto del Pueblo de Dios, puede ser más constructivo que destructivo, todo depende del nivel de humildad que tenga el pastor.
d) Tensiones psicológicas creadas por el mal uso del poder
No sólo en Listra, entre paganos, se ha utilizado a la religión como fuente de poder. Durante mucho tiempo éste ha sido un tema virgen en la reflexión teológica pastoral. No obstante, el mal uso del poder en el contexto de la Iglesia ha sido sufrido por muchos hermanos y ha sido la causa de que muchos creyentes fieles se hayan apartado de las filas de la Iglesia.
Este tema no ha sido tomado en seria consideración por la teología ni la psicología pastoral, a pesar de su gran importancia. En la década del ochenta, del siglo pasado, aparecieron dos libros que se ocupan del asunto. Uno de los autores es noruego, protestante y fundamentalista; el otro es brasileño, católico romano y teólogo de la liberación.
El libro del noruego Edin Lövas se titula: Dictadores espirituales, El abuso del poder en la Iglesia. 5. Lövas diagnostica a los que abusan del poder en la Iglesia como psicópatas. En una nota al pie, el traductor afirma: "El autor utiliza los conceptos de psicópata y dictador espiritual como sinónimos para describir a este tipo de persona". 6. Al comienzo de su obra Lövas dice: "Después de trabajar cuarenta años como guía espiritual, me atemorizan los enormes sufrimientos que causan los dictadores espirituales a personas, grupos y congregaciones cristianas. Al mismo tiempo, me causa consternación el hecho de que rara vez se habla con claridad acerca de esto, aún entre los cristianos y los especialistas en el campo". 7. No voy a intentar resumir el libro. Me voy a limitar a reproducir un párrafo del prefacio y a enumerar los títulos de los capítulos: "Para el dictador espiritual, el ansia de poder ha llegado a ser un vicio, del modo que el alcohol lo es para el alcohólico o el robo lo es para el cleptómano". 8. La introducción lleva por título: Acerca de algo aterrador. El primer capítulo: ¿Qué es lo esencial en los sentimientos del dictador espiritual?. El segundo: Aman ser el centro de atención. El tercero: Están siempre alerta para el combate. El cuarto: El sentimiento de culpa es su arma principal. Quinto: Rompen a los demás la confianza en sí mismos. Sexto: No comprenden las necesidades de los demás. Séptimo: Tienen una gran necesidad de estímulo. Octavo: Ponen exigencias exageradas. Noveno: Engañan a la mayoría. Décimo: Aman los sistemas jerárquicos. Décimo primero: Son casi bienvenidos en los medios cristianos. Décimo segundo: Atacan a los débiles. Décimo tercero: Han ido muy lejos en su ansia de poder. Décimo cuarto: El peligro de utilizar el concepto de dictador espiritual. Décimo quinto: No cuentes con una mejoría. Décimo sexto: Cuando son desenmascarados. Décimo séptimo: Rompe todo contacto con ellos. Ultimo capítulo: ¿Cuál será su juicio? ¿Tienen algún valor como personas?. La obra de Lövas apareció en Oslo en el año 1987. La versión castellana en Barcelona en el año 1991.
Seis años antes de la aparición del libro de Lövas, en 1981, se editó en Brasil la obra de Leonardo Boff: Igreja, carisma e poder. 9. En esta obra, el capítulo cinco es fundamental. Se titula: ¿Pueden transformarse en la Iglesia el poder y la institución? Dice Leonardo Boff: "La institución siempre tiene algo que ver con el poder. Como excelentemente afirma Lord Acton, todo poder tiende a corromperse, el poder absoluto tiende a corromperse absolutamente". 10. El autor hace un importante análisis histórico, criticando a su iglesia desde adentro. Esto no impidió que fuera sancionado por el poder que criticó. La entrada del poder secular en la institución eclesiástica ocurrió, para Boff, de la siguiente manera: "Todo sucedió demasiado rápido. La Iglesia, a pesar de las persecusiones, parece que no estaba preparada para afrontar evangélicamente los desafíos propios del poder. No abolió el orden preexistente y se adaptó a él, ofreciéndole al Imperio una ideología que apoyaba el orden vigente, y sacralizaba el cosmos pagano.....Con la entrada en la Iglesia de los funcionarios del Imperio, que debían asumir la nueva ideología estatal, lo que se verificó fue antes una paganización del cristianismo, que una cristianización del paganismo. La Iglesia, que hasta el año 312 había sido más movimiento que institución, pasó a ser la gran heredera de las instituciones del Imperio". 11.
El libro de Boff no está cargado de amargura, ni de resentimiento. El es un hombre de fe, un hombre de la Iglesia. Por lo tanto, nos deja un mensaje de esperanza: "¿Es que hay algo extraordinario para Yavéh? (Génesis 18:13-14). Sonríe, Sara, porque, de estéril, te has convertido en fecunda, de vieja has sido transformada en nueva. Sara ya ha concebido. Ya han comenzado a aparecer, en el seno de la vieja Sara, los signos de la nueva vida: una iglesia nueva está naciendo en las entrañas de la humanidad". 12.
Hay otras tensiones psicológicas que tiene que encarar el pastor como ser humano. Me he limitado a describir las tensiones que encuentro en lo que llamo el síndrome de Listra: La transferencia positiva que procura el endiosamiento de la persona admirada o amada; la transferencia negativa que procura la destrucción del objeto temido, odiado o rechazado; y la tentación de manejar el poder a partir de una posición de privilegio como es la del pastor. Pablo se enfrentó victoriosamente a las tres tentaciones. Para el pastor de hoy, las tres tensiones psicológicas siguen en pie, ¡cuidado hermano, no se resbale!

Notas bibliográficas
1 J. Lacan, Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, (Buenos Aires, 1986, Paidós), p. 240.
2 Ibid., p. 152.
3 S. Freud, O. C., Vol. 13, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia, (Buenos Aires, 1988, Amorrortu editores), p. 173.
4 J. Lacan, Los cuatro conceptos..., Op. Cit., p. 143.
5 E. Lövas, Dictadores espirituales, El abuso de poder en la Iglesia, (Barcelona, 1981. Libros Clie).
6 Ibid., p. 13.         Ibid., p. 11.            Ibid., p. 7.
9 L. Boff, (versión española), Iglesia: carisma y poder, (Santander, España, 1982, Sal Terrae).
10 Ibid., p. 94.       1 Ibid., pp. 98-99.
12 Ibid., p. 123.
© CristiaNet.com / Psicopastoral - 2005

LECTURAS PARA EL SEGUNDO DÍA, A PARTIR DE PÁGINA 06, HASTA LA PÁGINA 11:

SOLUCIONES A LAS PROBLEMÁTICAS QUE ENFRENTAN LOS PASTORES HOY

"Segunda conferencia del Dr. Jorge A. León, en el marco de la Novena Conferencia de Pastoral/Liderazgo y Vida Cristiana “El ministerio a los latinos y latinas en U.S.A.” Iglesia Bautista Hispana, Hickory Grove, Charlotte, N. C. 2005 "

 

Es evidente que hay valores que forman parte de una cultura y que son reconocidos durante cierto tiempo, pero no para siempre. Sin embargo, existen conceptos que tienen un valor permanente, aunque sean expresados con otras palabras. No todo cambia, a pesar de los dichos de Heráclito, filósofo griego presocrático; sí bien reconocemos que él dijo la verdad al afirmar que “nadie se puede bañar dos veces en el mismo río”, porque el agua está siempre en movimiento y, al volver a entrar al río, ya no es la misma agua donde estuvimos antes. No obstante, también es cierto que todo río tiene un cauce más o menos fijo que se mantiene. Hay cosas viejas que podemos desechar, pero también hay otras que debemos conservar porque tienen un valor permanente. También hay cosas nuevas que podemos incorporar. Aunque reconocemos que no todo lo nuevo es bueno. Por eso Jesús, después de haber terminado el discurso parabólico que aparece en Mateo 13, desde la barca pregunta a la multitud que le escucha en la orilla: “Habéis entendido todo esto?”, al recibir una respuesta afirmativa les dijo: “Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas”. (Mateo 13:52, Biblia de Jerusalén). De ahí la necesidad del discernimiento espiritual para conservar lo que es bueno, sano y santo; y desechar lo que no lo es.

1.- Algunos principios viejos que han seguido siendo nuevos en mi ministerio pastoral
Quiero señalar algunas cosas viejas que siguen teniendo tanta validez hoy, como la tuvieron ayer, según mi experiencia personal acumulada a lo largo de un ministerio cristiano de más de medio siglo. Voy a comenzar refiriéndome a alguno valores que recibí en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, Cuba, durante mi capacitación en esa Institución Teológica a fines de la década del 40 y principios de la del 50 del siglo pasado. Valores que he conservado e implementado a lo largo de mi extenso ministerio. Todos mis profesores dejaron su impronta en mi mente y en mi corazón, unos más que otros. Quiero compartir algunos principios que me han marcado profundamente y que han determinado mi acción pastoral. Voy a compartir con ustedes viejas enseñanzas recibidas de dos profesores que ya están con el Señor, pero que todavía están conmigo a través de mi manera de encarar el ministerio cristiano. Ellos son el Dr. Alfonso Rodríguez Hidalgo, presbiteriano, y el Dr. Maurice C. Daily, metodista. Uno cubano, el otro norteamericano, los dos excelentes cristianos. Estudiar en un Seminario Unido donde uno puede recibir influencias de diferentes tradiciones cristianas, ha sido para mi muy enriquecedor. Quiero mostrar las huellas que estos dos hermanos de confesiones cristianas distintas y de nacionalidades diferentes han dejado en mi manera de encarar el ministerio cristiano.
Comenzamos por los aportes de quien fuera el rector del Seminario, el Dr. Alfonso Rodíguez Hidalgo, a quien todos los estudiantes llamábamos, cariñosamente, “el Maestro Alfonso”. Realmente él fue un Maestro; en lo intelectual, se doctoró en teología en Princeton, N. J., y en lo vivencial fue un hombre sencillo y humilde y, sobre todas las cosas, fue un siervo de Dios. De él recuerdo la siguiente enseñanza: “El pastor no debe pretender ser el hombre orquesta, sino el director de la orquesta”. Este principio merece una explicación. En la década de los cincuenta del siglo pasado, había en Cuba ciertos personajes que formaban parte del folclore nacional. Hacían espectáculos callejeros, tocando varios instrumentos musicales a la vez. Sujeta a su pecho una guitarra, ésta era fundamental; además una armónica sujetada a su boca; y con los pies tocaba un tambor o cualquier otro instrumento. Intentaba tocarlos todos a la vez, pero no lograba hacerlo bien. Al final del breve concierto, el “artista” pasaba el sombrero para que los espectadores le dieran algo de dinero. Decía el Maestro Alfonso que: “Hay algunos pastores que desean manejar todos los espacios de conducción en la iglesia; y si un dirigente laico se destaca demasiado, le ponen obstáculos en el camino para que no le quiten algo de su poder” . Con esto afirmaba que algunos pastores, sin darse cuenta, dañaban a los feligreses al pretender convertirlos en meros espectadores de su “concierto unipersonal”.
Por oposición al “hombre orquesta”, el Maestro Alfonso decía que el pastor debe ser el director de la orquesta, el cual debe asegurarse de tener el número adecuado de profesionales de la música que dominen su instrumento lo mejor posible. Es entonces cuando el pastor que sabe dirigir su orquesta puede presentar una hermosa sinfonía en la vida de la comunidad de fe. Etimológicamente hablando, sinfonía está compuesta por dos palabras griegas: sin: una preposición que significa “con”, o “juntamente con”, y fono: “sonido” . Igualmente, así se arma la melodía espiritual, cada uno haciendo su parte, bajo la batuta del director, quién refleja el mensaje divino, como la luna refleja la luz del sol y nos ilumina en la noche de la vida. La prédica del Maestro Alfonso tiene una importante confirmación en las palabras del mejor director de orquesta del siglo veinte, Arturo Toscanini, quien enseñaba que la misión del director no es hacer interpretar la partitura como él la siente, sino ser fiel a lo que quiso expresar el compositor. Leamos sus propias palabras: “No es como a mi me gusta, sino como está escrita la música y como se debe sentir la música”. Análogamente, el pastor no debe manejar la iglesia según su subjetividad, sino interpretando la mente de Cristo.
Es cierto que el director de una orquesta debe ser fiel a la partitura, pero sin intérpretes la partitura no nos dice nada. Por eso, la tarea del pastor, como intérprete de la Palabra de Dios, la más sublime partitura que el ser humano haya podido conocer, tiene una gran importancia. El pastor, como intérprete de las Sagradas Escrituras, debe ser un fiel conductor de la Iglesia, un buen predicador y un excelente guía espiritual.
La imagen del pastor como el director de una orquesta, la resumía el Maestro Alfonso diciendo que hay tres verbos que cada pastor tiene que aprender a conjugar: Organizar, delegar y supervisar la congregación de tal manera que cada miembro de la comunidad de fe pueda expresar su ministerio al cual Dios le ha llamado, y para lo cual le ha concedido dones.
Del Dr. Maurice C. Daily me han quedado algunas ideas y motivaciones que me han acompañado a lo largo de todo mi ministerio. Parecen sencillas, pero han dejado una impronta significativa en mi vida y ministerio cristiano. Veamos algunas de ellas: 1.- “Ninguna persona puede conducir a otra más cerca de Cristo que lo que ella misma está”. Se refería al mensaje que debe dar el pastor con su vida, sus actos y sus actitudes. O sea, tener en cuenta el impacto del mensaje paraverbal que uno debe ofrecer junto con el verbal. Muchas veces el primero hace inaudible al segundo. 2.- “Hay que preparar primero al mensajero, después al mensaje”. Este principio me ha acompañado hasta el presente. Después de haber alcanzado una buena formación académica en Matanzas, La Habana, Montpellier, Francia; y Buenos Aires; después de haber acumulado veintidós años de experiencia pastoral, el Señor me llamo la atención en forma onírica sobre mi necesidad de una mejor preparación espiritual. En el año 1972, tuve un sueño que refleja esta enseñanza de Mr. Daily. “Soñé que me encontraba en una panadería. Una voz a mis espaldas comenzó a darme órdenes: ‘Toma tanto de harina, tanto de tal y cual ingrediente’. Yo obedecía, y la voz entonces me dijo: ‘Amasa ahora todos esos ingredientes y ya tienes el pan listo. Pero si se lo das a comer a la gente, se van a enfermar. Ponlo en el horno el tiempo suficiente. Ya está listo, sácalo, que ese pan ha de alimentar a la gente.’ Pero el sueño no terminó ahí, la voz continuó hablando siempre a mis espaldas: ‘Esta es una parábola. Cuando prediques debes incluir muchos ingredientes: Elementos que apelen al intelecto, otros que apelen a las emociones, otros a la voluntad, otros a las percepciones. Pero aún esos ingredientes así combinados no alimentan al pueblo todavía. Es preciso meter el pan en el horno y eso quiere decir que tienes que prepararte espiritualmente, lo suficiente, como para que el pan que tienes dentro quede suficientemente horneado.’ Al despertar, quedé tan impresionado que tuve que levantarme para escribir el sueño. Desde entonces he tratado de seguir las indicaciones del Maestro Panadero.” 1. Estoy convencido de que este sueño no procede del inconsciente impulsivo al cual se refiere Sigmund Freud, sino del inconsciente espiritual del cual se ocupa el Dr. Víktor Frankl en su libro “La presencia ignorada de Dios.”
Volviendo a las enseñanzas que me dejó el profesor Maurice Daily, quiero señalar que a pesar de ser nuestro profesor de homilética solía afirmar: 3.- “Los mejores sermones son aquellos que son predicados fuera del púlpito”. Afirmaba que el sermón predicado en el púlpito puede ser interpretado como el simple cumplimiento de una función u obligación; aunque algunos podrían también afirmar: “Para eso le pagan”. El entendía que el mensaje informal, personal, fuera de la estructura cúltica, suele llegar más profundamente al corazón del ser humano.
Otra huella de Maurice Daily en mi vida es una especie de slogan que él me repitió en múltiples ocasiones: 4.- “¡No brinques, chico, no brinques!”. Este “estribillo”, el me lo reiteraba desde dos funciones diferentes; la de profesor de homilética y la de consejero de mi trabajo pastoral. Fue él quien confió en mi cuando sólo tenía 20 años, dándome la oportunidad, como Superintendente del Distrito de Matanzas de la Iglesia Metodista, de recibir la designación como pastor suplente aprobado de la Iglesia de Pedro Betancourt. El me apoyó, me cuidó y me dió sugerencias muy sabias frente a algunos dirigentes laicos de esa congregación que no simpatizaban con la idea de tener a un adolescente como pastor. Recuerdo a un personaje muy pintoresco, un predicador local que llegó a Cuba como inmigrante de la isla de Barbados, una de las Antillas Menores, se llamaba Augustus Lythcott. Antes de que surgiera un profundo afecto entre los dos, fue un tábano para mi. Un día en que nos visitó el Superintendente de Distrito, en el medio de la reunión le dijo a éste, con ironía: “Sr. Superintendente, ¿no tenía usted otro estudiante todavía más jovencito para designar como pastor de nuestra iglesia?” El hermano Daily guardó silencio, todo parecía indicar que no quería responder con palabras. Al parecer, él se dio cuenta que Lythcott, un hombre de alrededor de cincuenta años, quien era el principal predicador laico de la congregación, tenía celos y se sentía desplazado por un pastor que no era más que un adolescente. También puede haberse preguntado, ¿será porque soy de raza negra? Porque, en la Cuba de la década del 50 existían prejuicios raciales. Maurice Daily no respondió con palabras sino con un mensaje actuado, se levantó de su asiento de presidente de la reunión, se acercó al predicador celoso y le dio un fuerte abrazo. Se destacaba aquel norteamericano, de piel blanca y ojos azules, de una enorme estatura, abrazando a un diminuto antillano de raza negra: Un abrazo sin palabras. Este es el tipo de amor que necesitamos, el actuado, que rompe los prejuicios raciales de otra época, y expresa el amor cristiano que vence las diferencias entre los seres humanos. Pude comprobar por experiencia propia que lo que Maurice Daily enseñaba en las aulas del Seminario de Matanzas, lo practicaba en su vida como pastor. No hizo falta más, desde el día del abrazo el hermano Lythcott fue mi mejor amigo y colaborador.
Todas las semanas iba a conversar con Mr. Daily, como le decíamos afectuosamente, yo tenía el vigor, la pasión y la impaciencia de un chico de 20 años y casi todas las semanas escuchaba su reiterado consejo: “¡No brinques chico, no brinques!”. Al final, con ese estribillo, aprendí a tomar las cosas con paciencia, y a depender más de Dios y menos de mis propias potencialidades. Aprendí del comportamiento del hermano Daily que es cierta su enseñanza de que “Ninguna persona puede conducir a otra más cerca de Cristo que lo ella misma está”.

En resumen, una de las formas de solucionar los problemas que enfrentan los pastores hoy, consiste en conservar ciertos principios que tienen valor permanente. Por eso, les sugiero que incorporen en sus respectivos ministerios, los énfasis que yo aprendí del modelo pastoral de Alfonso Rodríguez Hidalgo y Maurice C. Daily, que resumo en tres principios:
a) Profundidad en la reflexión y aplicación de los principios esenciales: bíblicos, teológicos y pastorales.
b) Humildad, sencillez y amor en la manera de tratar a las personas, dentro y fuera de la Iglesia.
c) Coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica.
Otros maestros de Matanzas que dejaron profundas huellas en mi vida y ministerio, fueron los siguientes: El Dr. Angel Fuster, metodista; el Dr. Ramón Viñas, episcopal; y sobre todo, el Dr. René Castellanos, mi profesor de Pastoral Counseling, presbiteriano. En este momento les rindo un sentido homenaje.
En Matanzas recibí lo que es el núcleo de mi formación bíblico-teológica, mi vocación por la psicología pastoral y la estructuración de mi espiritualidad, presente en mi vida desde antes de haber cumplido los seis años. En el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas fui alumno, profesor y rector entre los años 1949 y 1966.

2.- Solucionando problemáticas estructurales mediante el equilibrio en los énfasis pastorales.
Hay por lo menos tres maneras erróneas de vender un proyecto de vida a la feligresía: La materialista, la espiritualista y la psicologista. El enfoque materialista parecía ser la ideología predominante del siglo pasado. El cristianismo había abandonado algunas banderas que otros supieron recoger y utilizar. Es evidente que todo el énfasis sobre las responsabilidades sociales de los cristianos cabe dentro del Evangelio, pero no es menos evidente que todo el Evangelio no cabe dentro de lo social. En mi opìnión, estructurar un trabajo pastoral con el énfasis exclusivo en las necesidades socioeconómicas de la comunidad, desnaturaliza la vida y la misión de la Iglesia.
Con el fracaso de las ideologías, especialmente del marxismo y su materialismo, ha habido un vuelco hacia el espiritualismo en sus más variados matices. Han surgido nuevos grupos, algunos cristianos que, por lo general expresan muchas emociones pero poca teología. El materialismo marxista es reduccionista: todo lo reduce a lo económico. El espiritualismo también suele ser reduccionista, porque para los que asumen esta posición, todo los valores son únicamente espirituales. Por lo tanto rechazan tanto los aportes que puede hacer el cuerpo a la pastoral como los logros de la psicología.
El psicologismo es otra posición extrema y peligrosa. De hecho se está convirtiendo en una especie de religión, aunque sus seguidores lo nieguen con vehemencia. Hay algunos profesionales de la salud mental que toman las palabras de Freud o de Lacan como si fueran palabras divinas infalibles, y descartan otras lecturas de la realidad. En algunas agrupaciones de psicoanalistas existe lo que he denominado: Fundamentalismo de Escuela.
En el seno de la Iglesia de nuestro tiempo, hay representantes de las tres herejías: La materialista, la espiritualista y la psicologista. Las llamo herejías, no en el sentido peyorativo del término, sino en el sentido etimológico de "hairesis", de parcialidad. Me llama la atención el enfoque del Dr. Joaquín Jeremías en un largo artículo sobre haíresis (herejía), en el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, editado por G. Kittel, nos dice: “haíresis es usado como un término técnico cristiano en conexiones conscientes o inconscientes tanto con la filosofía griega, como con sectas judías”. 2.
Un diccionario común define a haíresis como “lo escogido en forma de pensamiento y/o acción”. 3. En otras palabras, la herejía consiste en el acto de tomar una parte como si fuera el todo. La haíresis aparece cuando se escoge una parte de la verdad bíblica, enfatizándola de tal manera, que se ignoran aspectos fundamentales de la revelación divina. La herejía reina en nuestro mundo posmoderno y, por lo general, los que la padecen se suelen acusar mutuamente, sin aceptar la parte que le toca a cada uno.
La herejía no es una afirmación contraria a la verdad, sino la actitud de tomar la parte por el todo, ignorando el resto de la realidad. Por eso las tres concepciones del ser humano que he mencionado, tomadas cada una por sí sóla son heréticas, pero tomadas en su conjunto, constituyen la verdad.
El ser humano que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, de un Dios trinitario, tiene que manifestarse de tres maneras, como alma, como mente y como cuerpo. Además, debe expresar la manera de su estructuración como sujeto y, si es cristiano, la obra del Espíritu Santo.
El reduccionismo de la pastoral a uno de los tres ismos mencionados, la hacen ineficaz. Por eso es necesario terminar con la ingenuidad de suponer que un sólo enfoque pastoral sirve para todos los seres humanos, cuando el propio Señor nos dice que hay por lo menos cuatro tipos de terrenos, o estructuras psíquicas, donde podemos y debemos sembrar la Palabra.
Me parece que hay ciertos puntos de contacto entre la parábola bíblica de “El Sembrador” y los esquemas psicoanalíticos de la personalidad humana como estructuras psíquicas.
Sigmund Freud clasificó a los seres humanos en tres categorías: Neuróticos, psicóticos y perversos. A su vez, cada uno de estos tres tipos de personas se clasifica en diferentes expresiones del trastorno psíquico al que pertenecen. Es decir, hay diversos tipos de neurosis, psicosis y perversiones. Según esta división, nadie sería normal. Es decir, debemos conformarnos, con tener la “suerte” de tener, sólo un nivel bajo de neurosis. Jacques Lacan, el fundador de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, tomó del estructuralismo elementos para aplicar al psicoanálisis. Él introduce en la antropología psicoanalítica el concepto de estructura. Las estructuras psíquicas, o existenciales como las llama Alain Juranville, 4. suelen madurar alrededor de los seis años de vida. Lacan clasificó las psicopatologías humanas, según el esquema freudiano, en tres estructuras.
¿Debemos aceptar que ninguna persona es totalmente normal? Una voz se ha levantado, en Francia, en el campo de la filosofía, para defender la existencia de una cuarta estructura. Se trata de una persona citada más arriba, Alain Juranville, quien afirma que la sublimación es la cuarta estructura. Según este escritor francés, las estructuras existenciales son las siguientes: La neurosis, la psicosis, la perversión y la sublimación. Un psicoanalista argentino, el Dr. Roberto Harari, dictó un Seminario en Mayéutica: Institución Psicoanalítica, sobre el tema: Neurosis, psicosis, perversiones, sublimación: Estructuras, Puntuaciones 5., el cual cursé con mucho gusto. A partir de este Seminario, he llegado a la conclusión de que es posible llegar a un nivel aceptable de salud mental.
A partir de la teoría de la cuarta estructura comencé a investigar la posibilidad de encontrar fundamentos bíblicos para una mejor comprensión de las diferencias estructurales entre los seres humanos. El que busca encuentra, nos dice el Señor, y yo encontré que en la Parábola del Sembrador, nuestro Señor Jesucristo sugiere cuatro formas en que se puede estructurar el sujeto humano, a través de la imagen de cuatro terrenos: El del camino, el espinoso, el pedregoso, y el buen terreno. Un camino, en la Palestina en que vivió Jesús, seguramente no era más que tierra apisonada, endurecida por los que le pasaron por encima. El terreno del camino no es necesariamente improductivo. Las circunstancias lo han hecho improductivo, pero podría dar fruto si se modificaran esas circunstancias. Nos dice el Señor que el sembrador sembró a lo largo del camino, (en griego: parà tèn hodón) pero no logró que en él se produjera una sola nueva vida. (San Mateo 13:1-9; San Marcos 4:1-9; San Lucas 8:4-8). Un terreno lleno de espinos no es necesariamente un mal terreno, de hecho la semilla sembrada nació, pero la nueva vida fue criminalmente ahogada por las circunstancias adversas. Un terreno pedregoso no es necesariamente malo, las piedras pueden ser útiles para cercar el terreno. Cada cristiano tiene que aprender a convertir en escalera las piedras que la vida le coloca en su camino. La parábola nos dice que también existe el buen terreno, o más bien varios tipos de terrenos buenos, que producen fruto en cantidades diferentes, es decir, conservan su singularidad.
Lo que deseo dejar sentado es que el propio Señor nos presenta una tipología humana, aunque no hay dos sujetos iguales, como no hay dos terrenos iguales. La siembra de la Santa Semilla debe realizarse en todos los terrenos. La pastoral cristiana debe estar orientada al servicio de todos lo seres humanos. La Semilla debe ser sembrada en todas las estructuras psíquicas, con la esperanza de que ésta nacerá, y que el Señor le dará fortaleza a la nueva vida. Él nos dice: “No son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos” . Lucas 5:31). “Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lucas 19:11).
Todo sujeto humano es singular y está sujetado por su dimensión inconsciente. Tiene una estructura predominante, pero también puede tener rasgos de otras estructuras. La estructura psíquica, a veces, no se manifiesta con claridad. Ante determinadas conductas uno no está seguro de encontrarse con una estructura dominante, o con un rasgo secundario. Por ejemplo, alguien puede tener una estructura psicótica y no brotarse, es decir, “no volverse loco” (como se dice comúnmente), porque no se han dado las condiciones propicias. Pero sus allegados se dan cuenta de que es una persona “rara”.
¿Cómo encarar pastoralmente la estructura predominante en un feligrés? Lamentablemente estamos acostumbrados a ver a muchos que ofrecen la “gracia barata”, o el acto milagrero, que no es más que la supresión temporal del síntoma que se presentará en poco tiempo de otra manera. ¿Estamos indefensos ante una estructura psíquica inconmovible? Decididamente no. La conversión, concebida como proceso, no como acto mágico, produce cambios reales en el creyente, pero sin grandes alteraciones en la estructura. ¿Dónde está la base bíblica? Podría alguien preguntar. Si leemos atentamente lo que la Biblia dice acerca de ciertos personajes bíblicos, a pesar de que no tenemos biografías completas, nos damos cuenta de que hombres como Pedro y Pablo mantuvieron una actitud de vida congruente con su estructura psíquica.
Independientemente de que haya o no una correlación entre esta parábola evangélica, y las estructuras psíquicas que presenta el psicoanálisis, sobre todo el de la Escuela Francesa, llego a la conclusión de que todo pastor debe tomar un curso de Introducción a la Psicopatología, que le ayudará a distinguir entre uno u otro trastorno psicológico, entre los miembros de su congregación. Tal conocimiento le ayudaría a realizar una pastoral personalizada, teniendo en cuenta la estructura psíquica predominante en cada feligrés. Creo que los Seminarios y las Instituciones Teológicas deberían tenerlo en cuenta.

3.- Solucionado problemáticas psicológicas mediante una actitud sana y un espíritu cristiano.
Es difícil hacer una presentación de las problemáticas del pastor, sin señalar las causas que producen los problemas. Un médico que hace el diagnóstico a su paciente y no le receta la medicación correspondiente, le hace más daño al enfermo que si no lo hubiera visitado. No existe una respuesta válida para todos los casos particulares. Si alguien espera que le dé una receta mágica para resolver los problemas humanos, va a quedar defraudado, porque no existen recetas mágicas para las tensiones a las que nos hemos referido. Cada uno tendrá que encontrar su propia respuesta a la luz del Evangelio, del contexto sociocultural en que vive y de las características personales de las personas involucradas.
Cada uno de nosotros tiene una estructura psíquica que fraguó alrededor de los seis años. Dicha estructura ha de sostener todo lo que se edifique a lo largo de toda la vida. Así como en un edificio se pueden hacer cambios para darle otra utilidad al mismo, siempre y cuando no se toque la estructura, porque, de hacerlo se vendría abajo; así también el Evangelio produce cambios, lo que llamamos conversión, en la vida de las personas. Pero cada cual conservará su estructura psíquica. Podemos ver esto aún en los discípulos del Señor, y también en nuestras congregaciones. En mi opinión, la Teología y la Psicología Pastoral se encuentran, en el concepto de conversión, el cual es el objetivo final de ambas disciplinas. Cuando digo conversión me estoy refiriendo al concepto de "metanoia" y al verbo del cual procede este sustantivo, "metanoéo", en el texto griego del Nuevo Testamento, los cuales aparecen 24 veces en los evangelios. 6. La traducción protestante del término como "arrepentimiento", ni la católica: "hacer penitencia", hacen justicia al concepto bíblico del texto original en griego. Justamente dos autores católicos nos dan la definición de metanoia que a mi juicio es la más correcta. Los citados autores católicos traducen: "Cambio de mentalidad". Esta es su definición: "Metanoia (griego) = cambio de mente. Concepto religioso, originariamente del Antiguo Testamento, que significa conversión o vuelta a Dios. Y ya el Antiguo Testamento se emplea hablando del hombre en todas sus dimensiones. Es decir la metanoia hay que probarla externamente (confesión de la culpa, ayunos, etc.), estando a la vez fundamentada en la transformación de la mentalidad". 7.

Pablo sugiere que podemos cambiar nuestras vidas si transformamos nuestras mentes. Nos dice: "Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto". (Biblia de Jerusalén).
Luego, la metanoia no es un arrebato emocional, momentáneo y pasajero, sino un proceso de cambio de la manera de pensar que se ha de expresar, a lo largo de toda la vida, en la manera de sentir, pensar y actuar. Se trata de un cambio de la mentalidad a través de un proceso. Esto lo desarrollo ampliamente en mi libro ¿Es posible el hombre nuevo? 8.
Existe un documento de Aristeas, del siglo II A.C. donde usa el verbo metanoeo para señalar un proceso mediante el cual, como dice J. H. Moulton, "Dios está convirtiendo al hombre de su maldad y conduciéndolo hacia un cambio". 9. Según J. H. Thayers; "El cambio de mente de aquellos que han comenzado a detestar sus errores y malas acciones y han determinado entrar en un curso de vida mejor, así que incluye tanto un reconocimiento del pecado y pesar por él y un cambio sincero, prueba y efecto de lo cual son las buenas acciones". 10.
El cambio de mente comienza cuando uno tiene una nueva perspectiva ante el impacto del Evangelio, pero ese cambio va superándose paulatinamente en marcha hacia la culminación. La idea del proceso en la conversión ha sido señalada por varios autores, veamos algunas definiciones famosas. Para el filósofo y psicólogo William James, quien dedicó dos capítulos de su famosa obra sobre Las Variedades de la Experiencia Religiosa, aparecida en el año 1902, al cuidadoso estudio de la conversión, la define como "el proceso gradual o repentino, por el cual un yo, hasta entonces dividido y conscientemente malo, inferior y desdichado, deviene unificado y conscientemente bueno, superior y dichoso, como consecuencia de su más firme asirse a las realidades religiosas". 11. John Baillie presenta dos definiciones que ofrece Cicerón, dentro del contexto del estoicismo, por medio de analogías. "La de un hombre caído en aguas profundas, que gradualmente se eleva, hasta que llega a la superficie súbitamente y se halla en condiciones de respirar; y la de un cachorro que nace ciego y gradualmente va avanzando hacia el poder de la visión, hasta que súbitamente descubre que puede ver las cosas". 12.
En mi libro Psicología Pastoral de la Iglesia, escribí la siguiente definición: "Una iglesia es un conjunto de personas que confiesan a Jesucristo como su Señor y Salvador personal, conservan sus características individuales distintivas, adoran juntos a Dios, interactúan entre sí a la luz del evangelio para el mutuo enriquecimiento, y colaboran con Dios para el logro de la redención de todo el hombre y de todos los hombres". 13. Las características individuales distintivas a que hago referencia constituyen la estructura psíquica que habremos de conservar a lo largo de toda nuestra vida. Así, si nos convertimos siendo histéricos u obsesivos, vamos a convertirnos en cristianos redimidos histéricos u obsesivos. Este enunciado teórico procede de mi práctica pastoral.
Si bien no hay reglas mágicas aplicables a todos por igual, existen algunas pautas generales que pueden ayudarnos en nuestra ubicación frente a las tensiones psicológicas a las que nos hemos referido. Veamos estas pautas:
a) "No existen más tensiones psicológicas en el pastor que las que el mismo genera". Esta afirmación teórica tiene sus raíces en la realidad de que cada pastor, al convertirse, conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. A veces el pastor logra dejar su impronta en la congregación, la cual tendrá una personalidad a imagen y semejanza del pastor, y no a imagen y semejanza del hombre nuevo según el modelo de Jesucristo. Cada pastor debe preguntarse quién es su modelo personal, si Jesucristo o sí mismo. A veces es un poco de cada uno. Por eso se generan las tensiones psicológicas. Claro que algunos dirigentes laicos suelen presentar tensiones, pero éstas afectarán al pastor en tanto la problemática inconsciente de esos laicos coincida con la del propio pastor. Cuando esto ocurre, el pastor se obnubila y actúa como si se hubiera olvidado de que él es pastor. Lo cual no quiere decir que carezca de salud espiritual, la carencia está en su dimensión psicológica.
b) Cada pastor conserva sus características individuales distintivas, es decir, su estructura psíquica. Por eso no es aconsejable que un pastor esté de por vida al frente de una misma congregación, aunque esto puede resultar bueno excepcionalmente. En la mayoría de los casos me parece aconsejable el cambio pastoral para que la congregación se enriquezca con la variedad de aportes pastorales, y para que el pastor no esté sometido a la tentación de creerse "el dueño de la quintita". Encarar las tensiones psicológicas con una actitud sana y con espíritu cristiano implica reconocer nuestra pequeñez, y que la obra en que estamos involucrados en más grande que nosotros.
c) El pastor que realmente desee encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse como un ser escindido entre dos sistemas: lo consciente y lo inconsciente. De lo inconsciente proceden los mecanismos de defensa que siempre escapan a nuestra percepción consciente. Para un estudio más exhaustivo de esta cuestión remito a mi libro Psicología pastoral para todos los cristianos. 14.
d) Uno de los mecanismos de defensa más comunes entre los pastores es la proyección. Se proyecta hacia afuera la culpa. Son los otros los culpables, el siervo de Dios siempre tiene la verdad y la virtud. ¿Quién no conoce a pastores que son incapaces de mantener sus congregaciones unidas? ¿Quien no conoce congregaciones que son como las abejas porque de vez en cuando se les escapa un enjambre? ¿Por qué algunos pastores logran mantener unidas sus congregaciones mientras que otros, a donde quiera que van, se producen divisiones? ¿Dónde está el Espíritu Santo del cual procede la unidad de la Iglesia según Efesios 4:3? ¿Dónde está el concepto de pecado? El pastor que quiera encarar sanamente y con espíritu cristiano sus tensiones psicológicas debe reconocerse pecador, debe admitir que dentro de sí mismo tiene un enemigo; debe admitir que lo peor de su vida está acumulado en su inconsciente. No es fácil alcanzar la conversión de lo inconsciente. Yo mismo no pretendo haberla alcanzado. Pero reconocerlo me permite ser sincero y humilde delante de mi Señor y de Su pueblo. Es muy fácil afirmar que todos los hombres son pecadores y llamarlos al arrepentimiento. Pero cuando uno se cree una persona muy importante porque es un pastor, resulta difícil confesar: "Yo soy un pecador y me arrepiento de mis pecados".
e) El pastor que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe tener en cuenta el Síndrome de Listra. Debe reconocer la existencia de la transferencia positiva y de la negativa, así como la contratransferencia, también debe ser capaz de encarar adecuadamente estas relaciones humanas.
f) El pastor que desee encarar sus tensiones psicológicas sanamente y con espíritu cristiano debe cuidarse de las tentaciones del poder. Tanto de las tentaciones de disponer del poder que le ofrece la transferencia positiva de sus feligreses, como de su propio deseo de ser algo más que un ser humano.
g) Finalmente, cada pastor debe someterse semanalmente a un test que resulta infalible. Se trata del test del fruto del Espíritu Santo que aparece en Gálatas 5. Cada semana todo cristiano debe hacer una evaluación de lo que él permite que el Espíritu Santo haga en su vida. El test del fruto del Espíritu Santo consiste sólo en dos preguntas: 1.- ¿Tengo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio? (Recuérdese que la Biblia habla del fruto, en singular, y no de los frutos del Espíritu). 2.- ¿Tengo cada una de las expresiones del fruto del Espíritu? No es necesario hacer más preguntas.

Notas bibliográficas

1.- J. A. León, Prólogo a la 3ª Edición de Psicología Pastoral para todos los cristianos, Edición del autor, Buenos Aires, 1972. En las últimas ediciones no aparece este prólogo. El texto del sueño del Maestro Panadero aparece también en la nota Nº 19 del primer capítulo de mi libro: “Hacia una sicología pastoral para los años 2000”, Editorial Caribe, Nashville, Tenn., U.S.A. 1996, p. 223-224
2.-
J. Jeremias, “hairesis” (herejía) en Gerhard Kittel ed.,, Theological Dictionary of the New Testament, Wm. B. Eerdmans Publishing House, Grand Rapids-Londres, 1966, Vol. 1, p. 182.
3.- Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan, 1966, p. 16.
4.- A.,Juranville, Lacan et la philosophie, Presses Universitaires de France, Paris, 1984, pp. 276-286.
5.- R., Harari, Seminario: Neurosis, psicosis, perversión, sublimación: Estructuras y puntuaciones, Mayéutica Institución Psicoanalítica, edición fotocopiada sólo para los participantes del Seminario, Buenos Aires, 1988.
6.- (Aparecen 7 veces en Mateo, 3 en Marcos y 14 en Lucas.
7.- K. Rahner y H. Vorgrimler, Diccionario Teológico, Barcelona, Herder, 1970, p. 426.
8.- J. A. León, ¿Es posible el hombre nuevo?, Buenos Aires, Ediciones Certeza, 1979. Este obra ya no se encuentra disponible en las librerías, pero se puede adquirir gratuitamente bajándola de nuestra Página Web: www.cristianet.com/psicopastoral
9.-
J. H. Moulton, The Vocabulary of the Greek Testament, Glasgow, Hodder and Stoughton, 1963, p. 404.
10.- J. H. Thayer, op. cit., p. 406.
11.- W. James, The varieties of Religious Experience, New York, 20ª impresion, Longmans, Green and Co., 1911. p. 189.
12.- J. Baillie, Regeneración y Conversión, Buenos Aires, Editorial La Aurora, 1956, p. 45.
13.- Leon, J. A., Psicología pastoral de la Iglesia, 5ª edición, Miami, U. S. A., Editorial Caribe, 1990, p. 80-81. . Este obra ya no se encuentra disponible en las librerías, pero se puede adquirir gratuitamente bajándola de nuestra Página Web: www.cristianet.com/psicopastoral
14.- J. A. León, Psicología pastoral para todos los cristianos, corregida y aumentada, con prefacio del Dr. René Padilla, 12ª edición, Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2000